miércoles, 29 de diciembre de 2010

El camino

A veces el camino parece interminable. Lo vemos en la distancia y creemos que nunca encontraremos su final, que el tiempo no es suficiente para recorrerlo. Esto hace que corramos, cada vez más, sin pararnos, sin detenernos el tiempo suficiente como para observar todo lo que se va cruzando en ese largo camino. Entonces, llega un día en el que nos damos cuenta de que por mucho que andemos y andemos, el camino siempre llegará antes que nosotros. Justo cuando llega ese momento, decidimos mirar atrás, giramos la cabeza y nos preguntamos si no sería más fácil recorrer el camino de vuelta, regresar al punto de partida, volver al lugar de donde nunca hubiese debido salir. Pero, al mismo tiempo que nos lo planteamos, nos damos cuenta de que es absurdo, de que no podemos regresar, ese camino de vuelta es tan infinito como lo es el que tenemos delante de nosotros. Ahí, en ese instante, en ese punto concreto, perdemos parte de las esperanzas que nos habían acompañado hasta el momento, perdemos parte de nuestra ilusión, nos preguntamos sino sería mejor sentarse y dejar las cosas tal y como están, quietas, intactas, inmunes a nuestro dolor, alejadas de nuestros lloros, de nuestros odios, de nuestros rencores,..., inmunes a nuestra vida, a nuestro largo y costoso camino.
¿Acaso no llevaba razón Machado en su bello poema?, ¿quizás mentía cuando escribía que debíamos seguir el camino?, ¿a lo mejor no sentía esa desesperación del caminante, quizás nunca hubiese sido caminante?..., todos, todos y cada uno de nosotros somos caminantes, seguimos el camino marcado (otros nos negamos rotundamente a seguir el que está marcado y nos guiamos por nuestro instinto caminando encima de la hierba e incluso de los cristales, que se nos clavan, una y mil veces, en los pies, sabiendo que ese dolor se une a la satisfacción de no recorrer el mismo camino que los demás), caminamos y caminamos, esperando encontrar respuestas en ese andar continuo. Pero a todos, a todos sin una sola excepción, nos llega el día en el que sentimos la necesidad imperiosa de ver atrás. En ese momento, algunos comenten el grave error de correr en sentido contrario, sin ser conscientes de que el pasado ya está muerto y con él todo lo que le rodea, y otros se lamentan continuamente y desesperados se sientan en medio del camino esperando a que llegue alguien que les diga qué dirección tomar... pobres los que se paran y pobres los que corren, los primeros pierden la vida sin ver y los segundos verán que han perdido la vida.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.


(Hermoso poema de Machado que ya sabéis que me encanta).



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